Adra - Historia

Historia


Adra es una ciudad costera localizada al suroeste de Almería, cuya principal actividad económica se basa en la actualidad en la agricultura intensiva bajo plástico junto con otras actividades de menor calado como la pesca. Con una orografía conformada por barrancos de gran pendiente, el grueso de la población se concentra en la franja litoral.

El origen de la localidad se encuentra en el Cerro de Montecristo, donde se fundó el poblado de Abdera en la segunda mitad del siglo VIII a. C. por parte de navegantes fenicios, aunque su nombre es de origen griego, los cuales eligieron la zona al presentar las condiciones topográficas típicas de sus asentamientos y dedicarse a la economía de intercambio, principalmente a la explotación de filones de hierro del interior.
 
En la época púnica, Abdera se dedicó a la actividad comercial desde el siglo IV a. C. hasta la romanización de la Península en el año 206 a. C., período en el que se permitió la acuñación de monedas propias, siendo muy popular una de la época de Tiberio (14- 37 d. C), escogida como motivo en el escudo municipal.

En este período, Abdera experimentó un fuerte crecimiento que le hizo expandirse por las colinas anexas del cerro, siendo las actividades principales la pesca y la factoría de salazones, como muestran las excavaciones realizadas entre 1970 y 1971, dirigidas por Fernández Miranda.
Murralla de Adra (Adra - Almería)

 
El asentamiento de grupos en el interior, como La Alcudia (que hoy forma parte de La Alquería), y una economía basada en actividades como la agricultura de regadío, la industria de la seda y el impulso del comercio marítimo llegaron con la islamización de la zona en el siglo IX.

La Edad Moderna se caracterizó por la incorporación de Adra a la Corona de Castilla en 1489 y la construcción del castillo entre 1492 y 1495 como parte del sistema defensivo del litoral contra la piratería berberisca junto a las torres almenaras, como la Torre de Guainos, y que se pobló con viejos cristianos con privilegios fiscales conformando una fortaleza amurallada, conocida como Adra la Nueva, y de la que se conservan tres torres y algunas paredes. Durante esta época, la ciudad destacó por la actividad comercial del puerto, el cultivo y transformación de la caña de azúcar, que se intensificó durante los siglos XVII y XVIII, añadiéndose en este último la vid y la pesca.
 
Fábrica de fundición de plomo San Andrés (Adra - Almería)

En el siglo XIX, la ciudad experimenta un nuevo impulso con la industria metalúrgica y la explotación intensiva de plomo de la Sierra de Gádor a partir de 1821 gracias a la liberalización del sector, lo que supuso la implantación de fábricas como la de Rein & Cía en 1822, con los primeros hornos ingleses de carbón y una de las primeras máquinas de vapor de la península. Rein & Cía quiebra y es comprada por el empresario malagueño Manuel Agustín Heredia, que incorpora la última tecnología en la ya renovada fundición de San Andrés.

Entrado el XX, con la caída del precio del plomo y el agotamiento del metal, Adra centra su economía en la construcción del puerto y su actividad comercial (1907) y la Azucarera de Adra, una cooperativa creada en 1909 y que dará empleo hasta su cierre en los 70, dedicándose desde entonces al cultivo intensivo de hortalizas bajo plástico.